domingo, 5 de octubre de 2014

POIEGRAFÍA DE LA COMPAÑÍA TEATROPIKAL Valparaíso 2010 – 2014










“El teatro no constituye más que un medio de comunicación masiva. Es cada vez más ridículo obstinarse en negar esta realidad y cada vez más urgente reflexionar sobre ella seriamente”.

Hans Thies Lehmann






En esta oportunidad me detuve en la observación de la poética escénica de la joven compañía porteña Teatropikal. Grupo enérgico y pro creativo que cuenta con cuatro montajes estrenados y un show de improvisación. Luego de ser espectadora de toda su obra, son varios aspectos en los que puedo detenerme  respecto del trabajo que realizan.

Sin embargo, antes de comenzar el análisis, es necesario destacar que la posibilidad de presenciar todos sus espectáculos, se dio gracias a la instancia del ciclo de Teatro Bar producida por Circodelia, La Picá del Teatro y el bar Gallo Negro; generándose una especie de antología, por decirlo de algún modo, de la compañía. Tal ciclo, denominado Julio Tropikal tuvo un bar como escenario y se llevó a cabo todos los miércoles de julio desde las veintiuna horas, de modo que la instancia propuesta, rompía con ciertas convenciones, lo que, a pesar de ser un riesgo, suscitó empatía en el público porteño, el cual acudió e incrementó a medida que se realizaba cada jornada.




BREVE RESEÑA HISTORIOGRÁFICA




La compañía Teatropikal parte el año 2010 con los montajes Adictos-Cabaret y Liceo c/n°, contando con temporadas en salas y espacios culturales de Valparaíso, además de una gira por el sur de Chile (Concepción, Temuco, Puerto Montt, Ancud y Hualaihué).

A fines del 2010 y continuando el proceso durante el 2011, la compañía convoca a grupos de teatro emergente de Valparaíso para crear la obra multiautoral Proyecto Diego Sánchez, La tragedia, que tuvo tres exitosas temporadas entre los años 2011 y 2012.

Persistiendo en su investigación escénica basada en la relación con el público y en la búsqueda de un teatro postdramático[1], la compañía Teatropikal crea su montaje más reciente Mariachi Huevo, el cual han mostrado en distintas salas y espacios culturales del puerto, como también en Santiago durante el 2013 y el 2014.

Finalmente, el presente año han presentado en cuantiosas oportunidades su  Show de Improvisación, basados en juegos y dinámicas propuestas por el dramaturgo, profesor y pensador británico canadiense Keith Johnstone e impulsados por su investigación escénica enfocada en la relación con el público.



Con su participación en Teatro Bar en el Gallo Negro durante todo el mes de Julio del 2014, la compañía Teatropikal revisita toda su obra en cuatro funciones, recontextualizando el espacio escénico de una puesta en escena en el espacio cotidiano de un bar, riesgo que por momentos funciona muy bien y en otros se vuelve un tanto vertiginoso.




ADICTOS CABARET







Adictos Cabaret es un espectáculo en pequeño formato por su duración, espacio escénico y cantidad de intérpretes. Es una versión libre del Cabaret Trágico de Alejandro Jodorowsky, que demuestra en gran parte los principios de una puesta dinámica y adaptable a cualquier espacio alternativo, pero que sin embargo se parece más a un stand up comedy que a un espectáculo escénico en sí. Esto de alguna manera denota los primeros indicios de la compañía orientados hacia la búsqueda de su propio lenguaje escénico. Basándose principalmente en la potencialidad de cada actriz, Pola Monroy y Daffne Valdés, Adictos Cabaret es una puesta en escena que conmueve desde su sencillez, sus matices absurdos –propios del lenguaje jorodowskiano - y la calidad brechtiana de las situaciones escénicas que se observan: en forma correlativa, en una relación distanciada entre el personaje interpretado y la actriz como narrador épico de la situación representada.



Brecht propone la teoría del distanciamiento o extrañamiento para organizar su propuesta dramatúrgica. Impide al espectador identificarse instintivamente y confundir el drama con la realidad. En la medida en que reconozca como histórica una situación, el mundo parecerá capaz de ser transformado. Es así como en sus soluciones escénicas existen intervalos, canciones que interrumpen la trama, prólogos y epílogos, consejos al público, gestos, música (...)[2]



Se trata de un diálogo constante, dinámico y lúdico entre juegos de palabras y situaciones absurdas. Las actrices son todos o ninguno de los personajes o simplemente ellas sobre el escenario interpretando una y otra vez distintos personajes, situaciones cotidianas, constatadas de diferente manera, con distintos caracteres, una misma situación, al revés, al derecho o de cabeza. “Narraciones cruzadas de adicción y rebelión en el suelo, un prólogo para este viaje, tres chistes, tres intermedios sombríos, y un epílogo sobreexplicativo final”[3]. Lo principal en este montaje es demostrarnos la diversidad de posibilidades que existen a la hora de vivir una misma realidad cotidiana según determinadas perspectivas.

Acompañadas de la percusión en vivo de su director, Marco Trigo, Pola Monroy y Daffne Valdés constituyen un coloquio rítmico, entretenido y de estrecha relación con los espectadores.



FICHA TÉCNICA

Obra: Adictos Cabaret

Dirección: Marco Trigo

Dramaturgia: Versión libre del Cabaret Trágico de Alejandro Jodorowsky.

Intérpretes: Pola Monroy y Daffne Valdés

Estreno: Agosto 2010









LICEO C/N°






Liceo c/n° es un monologó escrito y dirigido por Marco Trigo e interpretado por Óscar Salazar. Al igual que el montaje anterior es una obra en pequeño formato, donde la puesta en escena también es sencilla, radicando la atención en la actuación del único intérprete. Liceo c/n° narra las confesiones de un estudiante de liceo municipal, declarando y exponiendo las falencias de un sistema educacional poco estimulante, rígido e impersonal. Es en este montaje donde comienza a aparecer el eje discursivo de la compañía que surge desde el lugar de los oprimidos visto con una perspectiva boalista[4], o dicho de otro modo, desde la clase trabajadora, representativa de un contexto nacional.

Como ya he mencionado, es desde la actuación de Oscar Salazar que uno conoce las reflexiones de este personaje, un adolescente que se queja, se aburre, grita, reclama, canta, crea, entre otras cosas que van y vienen como quien compusiera una pieza de hip hop, en un devenir explosivo de ideas y pausas transitorias de este inquieto personaje.

Es muy interesante cómo desde la utilización de la utilería precisa: silla, uniforme escolar, un lápiz y un cuaderno, se crea el universo de una sala de clases en las diferentes situaciones descritas.

A pesar de imprevistos originados por el contexto espacial de un bar, la obra corre, aunque los momentos íntimos que requieren de un espectador alerta, pierdan la fuerza que logran en un espacio convencional. Liceo c/n° es la obra que más se ve interrumpida por su descontextualización pero que no deja de ser una propuesta interesante, desde la actuación, la dirección y el discurso en pro de la construcción poética de la compañía.



FICHA TÉCNICA

Obra: Liceo c/n°

Dirección y dramaturgia: Marco Trigo

Intérprete: Óscar Salazar

Música: Roberto Pino

Estreno: Agosto 2010







DIEGO SÁNCHEZ, LA TRAGEDIA






Lo que pudimos apreciar en la jornada de Julio Tropikal fue sólo un extracto del Proyecto Diego Sánchez, La Tragedia. Extracto que estaba a cargo de la compañía en cuestión y que en la obra original se mezclaba de manera intercalada con escenas propuestas por las demás compañías participantes. La versión ofrecida en Teatro Bar fue una experiencia diferente, pasó de ser un montaje multiautoral de más de dos horas, a una especie de reseña o crónica policial.

Se apuesta a la construcción de un universo más complejo que los anteriores tanto en sus personajes e indumentaria como en argumento. Es un espectáculo donde, valiéndose de la utilería precisa: una bicicleta, una persiana y elementos que caracterizan a cada personaje, se construye el imaginario escénico. En Diego Sánchez… los fundamentos discursivos que aparecen en Liceo c/n° se potencian aun más, alojándose un matiz latinoamericanista en cuanto a la construcción de sentido, este es un concepto que desarrollaré más adelante. En esta obra en particular lo que predomina como figura representativa de un discurso latinoamericanista es la connotación heroica que se le da al protagonista Diego Sánchez (Carlos Machuca). No es un héroe histórico, ni universal, ni nacional, pero si una persona que existió y que alguna vez fue noticia en una localidad (Los Andes); podríamos estar ante un héroe local, tomando en cuenta que toda tragedia consta de un héroe y viceversa. Es desde este punto que aparece la resistencia como otro eje complementario del discurso, al llevar a escena una historia o una anécdota local para convertirla en una tragedia cercana y actual, todo, desde una dimensión performativa, donde el actor narra y es personaje y no necesariamente siempre el mismo personaje.

Si bien cada intérprete (Miguel Camus, Yovannka Cristófori, Óscar Salazar y Carlos Machuca) cumple un rol, este mismo puede cambiar, repetirse o mezclarse según las necesidades del montaje en virtud del relato trágico. Es muy interesante cómo desde la narración épica se pasa a un personaje y a otro en un relación dinámica y confrontacional entre lo que propone la crónica policial de Diego Sánchez (texto dramático) y la escena como soporte de expresión y creación de sentido.


FICHA TÉCNICA

Obra: Extracto del montaje multiautoral  Diego Sánchez, la tragedia

Dirección: Marco Trigo

Dramaturgia: Marco Trigo, Daffne Valdés y Pola Monroy

Intérpretes: Miguel Camus, Carlos Machuca, Yovannka Cristófori, Óscar Salazar,

Daffne Valdés y Pola Monroy.



MARIACHI HUEVO






Este espectáculo es el que mejor representa y constituye la poética escénica de la compañía Teatropikal. Además de englobar los aspectos mencionados anteriormente como: discurso alojado en la clase trabajadora, la figura del héroe local, el ritmo marcado por la musicalización en vivo y el latinoaricanismo; aparecen aspectos ritualescos que enriquecen y consolidan un lenguaje estético. Mariachi Huevo es un ejercicio dinámico que nos incluye como espectadores activos, principalmente por la cercanía física con la acción escénica, como también por la invitación a sentirnos partícipes de este rito desde el comienzo de la obra, en una especie de iniciación de la que todos los presentes formamos parte.

Hay en esta obra un clima cálido, cercano, de hermandad, donde como público estamos distribuidos en un círculo que rodea la acción. Es así como entramos en este universo de convenciones y signos que hablan de una idiosincrasia común, de una realidad nacional condensada en la figura de personajes claves como: una machi y su perro (Pola Monroy y Carlos Machuca), una pareja de carabineros (Daffne Valdés y Yovannka Critófori), un guardia de seguridad y su perro (Miguel Camus y Óscar Salazar). Personajes que en sí mismos denotan tres figuras de poder: policial, laboral y ancestral. Jerarquías expuestas, cada una desde su lugar, de manera tridimensional. Lo interesante es cuando estas fuerzas se enfrentan como si estuviéramos ante un ring de canes entrenados.

Por momentos sentimos que estamos ante una comunidad mapuche del sur, pero ésta, bien puede estar en la capital o en cualquier parte de Chile. Nuestra idiosincrasia en círculo, reposando con las canciones de un mariachi adicto a la música romántica, que al mismo tiempo es guardia y que se acompaña de un perro guardián que no le obedece en absoluto. Un par de cabos de turno que discuten sobre el deber que implica estar de guardia, incluso si ello involucra el control sobrehumano del esfínter. Y la sabia imagen de una machi y su negocio de tortillas, acompañada de su fiel compañero perruno. El discurso se dispara como un ladrido, entre coreografías, situaciones y canciones contestatarias, lo que denota nuevamente un atisbo brechtiano. Mariachi Huevo, es un ejercicio sensible, acogedor y especialmente cercano a nuestra realidad nacional.



FICHA TÉCNICA

Obra: Mariachi Huevo

Dirección: Marco Trigo y Compañía Teatropikal

Dramaturgia: Textos de Eduardo Galeano, Subcomandante Marcos, Cristian Marambio, miembros de la compañía organizados por Marco Trigo.

Intérpretes: Daffne Valdés, Yovannka Cristófori, Óscar Salazar, Carlos Machuca, Miguel Camus, Marco Trigo, Pola Monroy, Luis Maffet (música)




LA CUCHILLA 
(Extracto)



“Un adelanto del próximo montaje”, es lo que su director Marco Trigo, nos advierte luego de observar una escena breve interpretada por Miguel Camus y Oscar Salazar. A escenario vacío escuchamos desde la puerta del bar la llegada de Salazar, y tras bambalinas la respuesta de Camus. Un enfrentamiento discursivo entre dos bandos que no vemos pero que no es difícil imaginar. A través de una dramaturgia poética y violenta o de violencia poética, la escena nos instala en lo que podría ser el inicio de un enfrentamiento entre pandillas. Por momentos incluso existe la sensación de que uno como espectador puede elegir de qué bando está, convirtiéndose el escenario en el lugar propicio para una batalla de la que todos los presentes formaremos parte.

A pesar de ser un ejercicio breve, La Cuchilla, atrae especialmente por sus actuaciones, dramaturgia establecidas desde la performatividad y lo más importante, porque genera expectativa.



FICHA TÉCNICA

Obra: La Cuchilla

Dirección y dramaturgia: Marco Trigo

Intérpretes: Óscar Salazar y Miguel Camus




SHOW DE IMPRO 





Como su nombre lo indica, es un show, con su debido animador (Marco Trigo), sonido incidental (a cargo de Oscar Salazar) y su elenco de estrellas (Daffne Váldes, Yovannka Cristófori, Carlos Machuca y Miguel Camus). A través de una invitación participativa el animador nos da las indicaciones del juego y nos presenta a los artistas participantes: la Daffne, You, Guachupé y El flaco Arnold. Los juegos en general constan en poner a prueba la creatividad de los artistas a la hora de improvisar una situación propuesta por el público, la cual, puede ser creada, ya sea a partir de una circunstancia dada[5] o a partir de una palabra u objeto.

Basados en los preceptos del Keith Johnstone, la compañía Teatropikal nos ofrece su Show de Impro como un espectáculo lúdico con instrucciones claras, inclusivo, participativo y dinámico, donde se ponen en juego las potencialidades de los actores de manera individual y grupal. Es un ejercicio escénico ideal para el contexto de un bar. Es indiscutiblemente una propuesta inteligente para acercar el teatro a la audiencia.



Johnstone manifiesta tres reglas básicas, según las cuales el improvisador debe elaborar narrativamente una obra: “(1) interrumpir una rutina; (2) mantener la acción en el escenario –sin desviarse a una acción que ha ocurrido en otro lugar o en otro momento; (3) no cancelar la historia”. Para interrumpir una rutina, los actores deben proponer una acción que cambie el parámetro de la primera acción.[6]



Del texto, Impro, Improvisación en el teatro de Johnstone, se pueden deprender contenidos como: status, espontaneidad, habilidades narrativas, máscara y trance, entre otros aspectos que contribuyen al conocimiento de técnicas de improvisación propuestas y experimentadas por el autor británico canadiense.

En lo que respecta al Show de Impro, realizado por la compañía en cuestión,  como espectador uno se siente en un clima cálido, alegre, rítmico, tropical, pero no pasa mucho más allá del momento entretenido, creativo y fugaz. Al respecto quizá la búsqueda podría focalizarse hacia la experimentación de situaciones de mayor densidad y complejidad de modo que el riesgo supere las expectativas. Aunque como un show de entretención, una manera de llegar al público o como dice la expresión “para romper el hielo” en un espacio no convencional como el bar Gallo Negro, no deja de ser una estrategia plausible.



FICHA TÉCNICA

Obra: Show de Impro

Dirección: Marco Trigo

Intérpretes: Daffne Valdés, Yovannka Cristófori, Carlos Machuca y Miguel Camus.

Sonido: Óscar Salazar.





COMPAÑÍA TEATROPIKAL


Jugando sobre la línea del latinoamericanismo








Dentro de los aspectos que destacan en el trabajo de poiesis[7] de la compañía Teatropikal, encontramos factores comunes como: sencillez, ritmo, dinamismo lúdico, destreza musical e interacción activa con los espectadores. Pero lo que más destaca como objeto de análisis es el matiz latinoamericanista que se aloja en ellos desde el comienzo. Partiendo por el nombre de la compañía, para dar pie al discurso directo que ha ido evolucionando desde la exposición de un contexto social-nacional (Liceo c/n°) a una exposición estética y discursiva inspiradas en la tradición de nuestros pueblos originarios (Mariachi Huevo).

El latinoamericanismo como concepto, puede catalogarse como un término de alta complejidad, ya sea por su antigüedad (acepciones de Simón Bolívar y José Martí) como por eventuales manifestaciones críticas y comparativas con el panamericanismo y el nacionalismo. No obstante, en cuanto al trabajo que realiza la compañía en cuestión, considero que la siguiente cita es la que mejor expresa la relación entre el concepto y la poética de Teatropikal.



El latinoamericanismo es un sentimiento, una conciencia y una voluntad. Sentimiento sustentado en la conciencia de una comunidad esencial de orígenes, de historia, de cultura e intereses entre los pueblos de América Latina: voluntad de luchar decididamente en defensa de una identidad y en aras del progreso económico, social y cultural de la región, en armonía y no en contradicciones con las más justas aspiraciones de la humanidad.[8]



Resulta muy interesante cómo la compañía parte con una premisa alojada en la necesidad de hacer un teatro cercano y político influenciado tanto por autores específicos (Hans Thies Lehmann, Keith Johnstone, Berthol Brecht, Antonin Artaud, el teatro de Andrés Pérez, entre otros) como por los intereses y experiencias de cada integrante que ha ido sumándose al trabajo creativo del grupo–como lo explica su director-. Especialmente la cercanía con el público es lo que construye ese clima que sólo puede percibirse en nuestro continente: frescura, calidez, lucha, resistencia y principalmente la idea del hecho teatral como una celebración, como una fiesta de la cual todos los asistentes somos partícipes.

Al observar el proceso evolutivo de la compañía en pro de la búsqueda de un lenguaje escénico propio, nos encontramos con un origen y un estado actual muy similares. Coincidentemente o no, tanto Adictos Cabaret como el Show de Impro, habitan espacios similares, especialmente por la calidad lúdica de ambos espectáculos. Se vislumbra ahí la necesidad imperante de encontrar a través del juego y la participación activa de los espectadores, una poética que les permita a su vez, exponer su discurso político, el cual se ve reflejado mayormente en los otros montajes y  llegar a esa cercanía con el público que consiguen con el primer montaje y hoy por hoy con un espectáculo como el Show de Impro. Es una búsqueda que está en curso, que crea expectativas y que por sobre todo refleja un sentir político, social y comprometido.

La compañía Teatropikal, en tanto, consta de un trabajo serio y divertido, dinámico y reflexivo, político y sencillo,  educando y jugando sobre la línea del latinoamericanismo.







ENTREVISTA A MARCO TRIGO

Director y dramaturgo de la compañía Teatropikal



Marco Trigo


1.    ¿De dónde viene el nombre Teatropikal?



El nombre viene de la primera vez que necesitamos un nombre, estábamos trabajando al mismo tiempo Adictos Cabaret y Liceo c/n°, se nos ocurrió un poco a la ligera como un chiste, pero con el tiempo y la conciencia del propio hacer fue cobrando más sentido. Más allá del barato juego de palabras, tiene que ver con ser parte de un teatro un poco rebuscado o refinado, por la academia y la teorización, la supuesta posmodernidad y postdrama, pero a la vez entregar lo nuestro con una clave cercana, digerible, para personas que no son asiduas al teatro, para nosotros mismos cuando adolescentes y nuestras madres.



2.    ¿quiénes fundan la compañía en primera instancia? ¿y quiénes la integran oficialmente en la actualidad?



Al principio fuimos Oscar Salazar con quién estábamos en el proceso de montaje de Liceo c/n°, Daffne Valdés y Javiera Valdés con quienes trabajábamos en la obra Adictos Cabaret (Javiera, eventualmente fue reemplazada por Pola Monroy), Karen Seiter quien fuera productora de la compañía. Hoy la integran además de Oscar y Daffne, Amapola Monroy, Carlos Machuca, Yovannka Cristofori, Miguel Camus, Roberto Pino. También estuvieron con nosotros Victor Zúñiga (actor-fotógrafo) y Luis Maffet (músico).





3.    Resulta interesante cómo los personajes rotan entre los actores de la cía. ¿Es a propósito o simplemente por circunstancias del momento?



Jajaja, las dos cosas, siempre se entrelaza la necesidad y la propuesta. Cuando las obras ya están bien pasadas hemos tomado alguna acciones para mantener a los actores atentos y frescos, por ejemplo en Adictos… que intercambiamos los roles de las actrices por agregar dificultad y frescura, por otra parte en Mariachi Huevo, nos hemos dedicado un poco a ir rotando por distintos motivos (Viajes, nuevos humanos al mundo), que a la larga ha sido parte de una nueva investigación en la interpretación de los roles, que le otorga carices sumamente distintos entre las interpretaciones de cada cuál, en relación a sus cuerpos e historias de vida particulares.





4.    ¿cuáles serían las principales figuras o movimientos que inspiran el trabajo creativo de la compañía? (influencias)



 Es tan Variado como variados somos nosotros, algunos somos profesores, entonces hay un poco de esa búsqueda pedagógica, quizá, en las obras. Por ejemplo Carlos Machuca es más apegado a lo corporal, sin embargo a la vez es cantante, Oscar es Rapero y tiene historia con el circo clásico chileno, junto con él, Roberto y otros amigos tenemos la banda HIPFOLKHOP, yo soy del campo y creo en cosas extrañas, la Jovi es Folclorista, la Daffne y Pola escriben, dibujan y son feministas jjajaja, y el  Arnold… bueno el Arnold... eso en cuanto a influencias a ratos pesa más que la identificación acérrima con algún autor. Algunos de los profes que tuvimos, directa o indirectamente. Por otra parte, en lo personal, me llama la atención el trabajo de Hans Thies Lehmann y su teorización en torno a lo postdramático, a poder contar teatro que NO es una historia, también la relación con el Impro desde la perspectiva lúdica de Keith Johnstone, y  nombrar a Artaud y Brecht quizás sea mucho, son cosas que por osmosis se asumen en el teatro contemporáneo, en Chile me gusta el estilo de Andrés Pérez, la cercanía con el público, lo popular, la fiesta.



5.    ¿Desde dónde parte el proceso creativo de una obra de Teatropikal? ¿Desde la dramaturgia, ideas colectivas, referentes externos...?



Se ha ido caminando hasta la creación directa yo creo, si bien las primeras Adictos…, Liceo… y Diego Sánchez…, parten con un trabajo escritural bastante cerrado, luego como director debo enfrentarme a ellas nuevamente junto a los actores, por ejemplo con Liceo c/n° las escenas estaban separadas por un guión negro, largo, que en el texto funcionaba como separador, pero en escena tentaba a algo pero no sabíamos a qué, finalmente fuimos rellenando hasta que apareció una canción  del Oscar que se concreta al final, con Diego Sánchez… probamos varias maneras de generar como 12 personajes con 3 actores, harto reemplazo, probar, probar, abandonar, replantearse y ponerse plazos, eso sí es importante, ponerse plazos fijos y no patearlos, no esperar la perfección ni mucho menos, aceptar que una obra de teatro es un proceso que no acaba. Por otra parte en lo de Mariachi Huevo, llevé un texto más inacabado, con vacíos, escribí, junte otros textos, luego pedí textos a los actores y salieron otras cosas, de repente con un texto de 2 estrofas en verso, sacábamos un baile de 5 minutos, inventar y darse permiso para jugar en grupo y luego lo del impro que si bien lo vengo desarrollando a parte hace rato, todos estamos jugando con eso, nos dimos cuenta que era mostrable, pero por el momento sólo es un Show.



6.    ¿Cuáles son las proyecciones de la compañía? ¿El adelanto que vimos en Teatro Bar de La Cuchilla es una de ellas?



Si, aunque es media misógina, no calentó tanto a la compañía pero dicen que se retoma, es callejera y grandilocuente, así que se viene, ahora lo que más suena es hacer una obra nueva, con un gran mesón que sirva de butaca-escenario que se mueva entre la improvisación y lo pactado, logrando que la gente actúe sin saber, entre una obra y una conversación dirigida.... no se sabe todavía.



7.    ¿Cómo evaluarías la experiencia de Julio Tropical en Teatro Bar?



Buena, porque nos apuró  a remontarlo todo en un mes, obviamente eso también lleva al “Chasquillísmo” pero de cierto modo era propio del bar, de ese espacio que es para otra cosa, es bueno porque ese borracho que se aburre te dice “ándate pa la casa” en vez de aburrirse como ostra y después aplaudir y dar palmaditas en la espalda, es más concreto y desacraliza el asunto.



8.    Como creador escénico del teatro local emergente, ¿qué mensaje dejarías para los futuros actores que hoy se encuentran en proceso de formación?



Que hagan obras, que sean porfiados, que la U es para aprender herramientas no para vaciar tu alma allí, que recuerden cada cierto tiempo que es una institución capitalista y que nadie los obliga a estar allí, para que no pasen rabias digo yo. Y que insistan porque es difícil en el sentido de poco rentable y complicado, hacer una obra al segundo, tercer o cuarto intento y que no hay problema en eso.



9.    ¿Cuál es tu postura personal frente al teatro amateur que se realiza en la región en comparación con el que proviene de la academia?



Yo tengo problemas con lo fome, o malo o mal hecho más que con la procedencia, yo les cobro mayor autoría no más, sobre todo a los grupos amateurs jóvenes, que no esperen a un Director, que se hagan cargo de su propuesta aunque no se dediquen solamente al teatro.



10. ¿hay algún objetivo como compañía que vaya más allá de proyecciones cercanas, algo así como una ambición compartida?



No estoy seguro, yo creo que, descentralizar el teatro, hacerlo factible, devolvérselo a la gente y en una de esas vivir de él.



11. ¿Algo que decir antes de concluir esta entrevista?



31 minutos tiene muchas capas, la puedes ver con tu sobrino y tu padre y todos se ríen, creo que ahí está la clave en entregar capas de información, para los despistados y el crítico, que les sirva a todos y no por eso deje de ser profundo, radical y político.


*Edición: Paz Francisca Soto


[1] Si aludimos al género literario que es el drama, el título teatro postdramático indica la interdependencia continua entre teatro y texto, aun cuando aquí el discurso del teatro ocupa una posición central y que, por este hecho, es cuestión del texto sólo como elemento, esfera y material de la disposición escénica y no como elemento dominante. Palabra de Hans Thies Lehmann en el artículo,El teatro postdramático: una introducción”. Universidad Johann Wolfgang Goethe, Frankfurt, Alemania. Traducción, Paula Riva, Revista de teoría y crítica teatral Telón de Fondo. N°12, diciembre 2010.

[2] Ricardo Padilla, “El Teatro Épico (Berthold Brecht)”, link: http://www.nexoteatro.com/Bertolt%20Brecht.htm

[3] http://www.elmartutino.cl/admin/render/noticia/24807

[4] “Boalista” de Augusto Boal autor brasileño del Teatro del Oprimido.

[5] Esta expresión significa… la historia de la obra, los hechos, eventos, época, tiempo y lugar de acción, condiciones de vida […] todas las circunstancias que son dadas a un actor para ser tomadas en cuenta al crear un papel. Constantin Stanislavski: Manual del actor, Ed. Diana, México D.F., noviembre 2004


[7] Póiesis: Construcción de sentido, véase Filosofía del Teatro tomo I y II de Jorge Dubatti.


[8] José Antonio Navarro Álvarez: Actividades de Antonio Maceo en la Cuenca del Caribe. Sitio web: http://www.eumed.net/libros-gratis/2011d/1025/Consideraciones%20historicas%20metodologicas%20del%20latinoamericanismo%20en%20Antonio%20Maceo.htm

domingo, 10 de agosto de 2014

NACIMOS PARA SER ESTRELLAS


El riesgo de la no superación de la realidad como mero acontecimiento personal






Nacimos para ser estrellas es el segundo montaje de Teatro La Musa presente en la cartelera porteña. Lo interesante desde esta perspectiva, es como, la directora Antonella Marín, se arriesga con una puesta en escena que dista mucho en términos creativos de su primer montaje, Minifalda, ya que a diferencia de éste, Nacimos para ser estrellas, es una  puesta en escena basada en la utilización de la realidad como punto de partida y con  el cual Marín, se aleja del ejercicio de escuela, como es el caso de  Minifalda (Mejor montaje de Festival de teatro en pequeño formato Humberto Duvauchelle de la Universidad de Playa Ancha (2012) y segundo lugar en Festival de Teatro Juan Barattini de la Universidad de Valparaíso (2013)).
Se trata de una obra que trabaja con testimonios pero que, sin embargo, no es testimonial, ni documental, o no alcanza a serlo, simplemente por el hecho de que no existe la denuncia, lo cual es un eje clave a la hora de trabajar con testimonios y documentos, es decir cuando se trata de arte comprometido con la realidad.
Lo que vemos entonces es una mezcla de referentes que no se condicen unos con otros, entre la utilización de testimonios reales, una dramaturgia fragmentada, ausencia de la profundidad de un discurso, utilización de proyecciones: fotografías familiares y grabación in situ del presente de la obra, música en vivo y envasada, entre otros aspectos, mezclados y organizados de manera forzosa, poco clara, azarosa.
No hay teatralidad en la interpretación, los actores, Francisca Zúñiga, Nely Carrasco, Daniel Álvarez, Pedro Fuentes y Andrés Hernández, son ellos mismos narrando sus historias, es decir no hay construcción de personaje, no obstante, existe por momentos una sobre interpretación de sí mismos, lapsus donde esta búsqueda de la verdad se pierde, se confunde.
Se nota la intención de trabajar con la realidad de los actores, de su posición en el contexto que implica ser actor hoy en día, pero desde el discurso, la denuncia social, política y/o cultural, falta profundidad, lo cual provoca que los relatos biográficos, por más que formen parte de una historia no oficial, queden ineludiblemente como la mera anécdota de una experiencia personal, familiar, individual.
No se entiende el aporte o la decisión que radica en la existencia de una diferencia de edad entre los actores, no se comprende que en el montaje exista una mayoría de actores perteneciente a una generación y sólo uno sea mayor que el resto (Andrés Hernández), detalle que demuestra lo azaroso de las decisiones escénicas.

“Años 90, Nacimos para ser estrellas”, referente y base de la creación escénica

Años noventa, Nacimos para ser estrellas, es una obra de la compañía de teatro española La Tristura que tuvo lugar a fines de la década recién pasada en la cartelera madrileña. La dramaturgia pertenece a Pablo Fidalgo y Celso Giménez, y aunque en ella se exploten situaciones como confesiones de amor, sueños y aspiraciones, les sirve de pretexto para exponer la realidad de una generación marcada por un contexto específico que parte con la caída del muro de Berlín (1989) y culmina con el ataque a las torres gemelas (2002). Así comienzan y así terminan los años noventa, con eventos que marcan la historia universal y que ineludiblemente perturban el universo personal de cada individuo. Desde esta referencia parte el proceso creativo de Teatro La Musa. No obstante, en este caso, la acción pública no es clara, se prioriza la historia de amor como discurso, quedando como un tipo de representación anecdótica, casi como de autoayuda, incluso narcisista, apareciendo entonces un tipo de actuación que también parece narcisista, donde lo más importante parece ser la vida personal del actor. Entonces se pierde el sentido de la acción pública, del testimonio, del gesto político que implica trabajar con la realidad. No olvidemos que todo teatro es político: […] todo el teatro es necesariamente político, porque políticas son todas las actividades del ser humano y el teatro es una de ellas. Quienes intentan separarlo de la política tratan de inducirnos a un error, y ésta es una actitud política.[i]  Desde esta perspectiva, insisto que Teatro La Musa no se hace cargo de la utilización de la realidad como recurso ya que Nacimos para ser estrellas, sólo se trata de confesiones de amor, narraciones de historias, con canciones de los noventa y actuales, como una especie de serenatas que sirven de acompañamiento de las anécdotas que se comparten. Un collage de referentes que no se completan, si no que más bien, se aprecian fragmentados. Entonces uno sale del teatro con el único aporte de conocer más sobre la vida personal de los actores, algo parecido a esos programas de televisión donde te muestran la biografía de los famosos, pero en este caso, el teatro es la plataforma de exposición de la vida de personas que soñaron con ser famosos, estrellas. Desde este punto, aparece un poco la crítica, o bien autocrítica reflexionando sobre qué esperamos de ser actores, de la fama o de ser estrellas, sin embargo la reflexión en torno a lo que se presencia sigue quedando superflua. Falta concretar la dirección del discurso y de la crítica que se propone para que exista una superación de la anécdota como mero acontecimiento personal.

¿Ser una estrella es lo mismo que ser un súper héroe?

Esta fue una pregunta que rondó mis pensamientos durante toda la extensión del segundo trabajo escénico de Teatro La Musa. Desde el referente universal y en especial occidental comprendemos la figura del súper héroe como aquel ente o persona con súper poderes capaz de resguardar el orden público, bajo una identidad secreta. Por otra parte, la idea de ser una estrella, tiene que ver con la ambición de una fama, de ser reconocidos  y queridos por otros, precisamente por un gran número de personas, lo cual implica una máxima exposición pública. La única relación que logro vislumbrar entre ambas figuras es la connotación de ícono, como imagen viva, legendaria, trascendente en el tiempo, como persona real que gozó de fama o reconocimiento, o bien como caricatura o personaje de historietas que no cesa de existir en el inconsciente colectivo de occidente. La relación entre ambos aspectos: ser una estrella y ser un súper héroe, se unen desde el mismo enfoque narcisista que aprecio en el tratamiento de la dirección de actores, aludiendo al deseo de éxito artístico, desde un plano más bien individualista.
En definitiva, Nacimos para ser estrellas de Teatro La Musa, es una puesta en escena catalogable de narcisista, en la cual se podrá conocer anécdotas de la vida personal de sus intérpretes - en particular historias de amor - acompañadas de música en vivo y de la proyección visual de álbumes familiares. Quizá la búsqueda de Teatro La Musa es precisamente encontrar desde la individualidad del actor/actriz aquello que les moviliza para seguir creando, y ello no quiere decir que esté mal, nunca hay errores cuando se trata de crear una obra de arte, sin embargo no comparto el tratamiento que hacen con la realidad (testimonios, documentos, biografías…), carente de lo que movilizaba a los primeros documentalistas del siglo pasado: la denuncia política, social, cultural en pro de la conservación de una historia no oficial.
L.C.



*Edición: Paz Francisca Soto
 
FICHA TÉCNICA
Obra: Nacimos para ser estrellas
Compañía: Teatro La Musa
Dirección: Antonella Marín
Asistente de dirección: Génesis Irribarra
Dramaturgia: Basado en “Años 90, nacimos para ser estrellas” de Pablo Fidalgo y Celso Giménez.
INTÉRPRETES: Francisca Zúñiga, Nely Carrasco, Pedro Fuentes, Daniel Álvarez, Andrés Hernández.
Diseño integral: Teatro La Musa
Arte: Loreto Quintero
Construcción escenográfica: Miguel Alvayay
Fotografía: Enrico Marín
Audiovisual: Gabriel Bravo
Producción general: Antonella Marín y Génesis Irribarra





[i] Augusto Boal: Teatro del Oprimido, Ed. Alba, España, 2009, p.11

domingo, 3 de agosto de 2014

EL BUENO, EL MALO Y EL FEO


Parodiando el sueño americano en su máximo esplendor chilensis





Más que la obra de teatro en sí, Sir Walter Scott es un proyecto teatral que crea mucha expectativa. Una producción que hace parodia de lo que sería una publicidad al más puro estilo americano, capitalista, neoliberal. Una manera muy ingeniosa de atraer audiencia desde un referente reconocible: uno de los western más famosos del mundo.
Utilizando el clásico film hollywoodense, como parte de una táctica de marketing se logra un trabajo pulcro y que no deja de crear expectativas desde el principio (promoción de la obra a través de las redes sociales con pequeños cortos cinematográficos en los cuales, los personajes se convierten en señuelos para generar un interés en esta compañía de producciones, llamada Sir Walter Scott). Una manera muy inteligente de contextualizar y utilizar una película yanqui, al titular la obra como el film de Clint Eastwood: El bueno, el malo y el feo;  gracias a lo cual se logra atraer la atención del público. No es casualidad que su primera temporada en la Sala Síntoma Teatro fuera tan exitosa.
El bueno, el malo y el feo es una comedia fresca y enérgica que es imposible no disfrutar, tanto para los que la interpretan como para el público. Al comienzo no entendemos muy bien la relación con el western, corriendo el riesgo de que la obra se duerma en los albores de una mera entretención, un panorama de fin de semana, pero mientras la pieza avanza comprendemos que es a propósito, apareciendo la crítica hacia el sistema, sobre todo hacia el referente televisivo que constantemente nos invade con sus programas vacíos ofreciendo sabrosos premios en pesos. Es muy intrigante este cruce que hacen entre el referente hollywoodense, como ejemplo de lo que imitamos, o que nos hacen imitar, pretendiendo hacernos creer que ahí está la felicidad. Es así como los programas televisivos buscan esta complicidad con sus auditores, con el único objetivo de quedar como generosas instituciones que dan oportunidades a la gente, cuando en realidad los únicos beneficiados son precisamente los que entregan los premios.

Clint Eastwood y el western, el ícono llevado y aprovechado al extremo
Insisto en que El bueno, el malo y el feo de Sir Walter Scott es una inteligente manera de teatralizar el western clásico, que culturalmente no nos pertenece en absoluto, pero que sin embargo a través del ansia de que se cumpla el sueño de los personajes, nos hace involucrarnos y empatizar con la historia que se cuenta: un grupo de amigos y conocidos que se juntan para recrear una escena de la película norteamericana, con el fin de ganar un concurso de imitaciones en un programa de televisión. A través de las situaciones y los personajes, apreciamos características propias de nuestro contexto neoliberal, como: fanatismo, ambición de fama, el populismo de los programas televisivos de esta categoría, en fin, el sueño americano en su máximo esplendor local, provinciano. La obra termina con un final extraño pero que, como en el cine, genera curiosidad por una presuntuosa segunda parte.
La figura del actor y director norteamericano es manipulada a tal punto, que incluso uno de los actores de la obra (Víctor Álvarez)  posee un singular parecido con el ícono del western cinematográfico. A este tipo de detalles me refiero cuando planteo el aprovechamiento y explotación del signo, para reventarlo a través de esta comedia fresca y enérgica.
En cuanto a la puesta en escena y sus derivados, existe una buena construcción de espacio escénico: lo suficientemente simple y creíble para vivir el viaje. Las actuaciones, Víctor Álvarez, Daniel Riquelme, Eduardo Silva y Braulio Verdejo, en general son buenas, a pesar de que los estilos de interpretación se confunden, quedando estas diferencias como consecuencia del azar. A pesar de todo cada uno defiende su forma de interpretación, dotándola del atractivo que necesita esta comedia, aunque ello pruebe que falta una decisión clara desde la dirección escénica.
Por otra parte la dramaturgia, se condice acertadamente con la puesta escena, en una sorprendente evolución de las situaciones que una tras otra nos van seduciendo hacia la sorpresa de un inesperado final, absurdo y disparatado que, aun cuando la obra termina, provoca la evidente sensación de que no es el fin, aludiendo a la existencia de una segunda parte, tal cual como lo haría una saga o una serie de televisión.
Sólo falta afinar detalles, como es usual en los estrenos, pero en general el trabajo corre y corre muy bien, falta tomar una decisión, todavía no hay una claridad escénica en cuanto a estilos actorales, si son distintos que sea una decisión y no mero azar.

¿Quién es Sir Walter Scott?
Sir Walter Scott fue un novelista y poeta británico, nacido en Escocia. Conocido por haber impulsado la novela histórica romántica y por traducir al inglés a importantes autores románticos como Wolfgang Goethe en sus primeras vinculaciones con la literatura. Se sabe que publicaba sus obras de manera anónima ya que él género al cual se dedicaba era mal visto sobre todo para un hombre con una profesión como la suya: abogado. Este último punto es el que tomo como pieza clave para comprender por qué este grupo de actores emergentes de Valparaíso, utilizan el nombre del escritor británico como sello de creación, casi como una patente o marca registrada. Sir Walter Scott, les daría el anonimato que necesitan para criticar, ridiculizar y utilizar la mediatización yanqui: bajo el alero de un nombre extranjero y elegante que diera la impresión de que se trata de una mega producción teatral, ostentosa, exitosa, famosa, capitalista, digna de la imagen empresarial de las marcas registradas. ¿Cuál será la idea? ¿Criticar el sistema desde sí mismo? Un poco parecido a lo que hizo el verdadero Sir Walter Scott en su vida: dotar a la literatura con el poder de recuperar el pasado histórico de su nación; en el caso del equipo de producción de Sir Walter Scott, se busca posicionar el “producto teatral” en el marco de un sistema político social y cultural, que inhibe la conservación de las artes escénicas, que son mucho más que un mero panorama de fin de semana.

L.C.



*Edición: Paz Francisca Soto

FICHA TÉCNICA

Compañía: Sir Walter Scott
Obra: El Bueno, el malo y el feo. Basada en una película de Sergio Leone
Dirección: Sir Walter Scott
Elenco: Braulio Verdejo, Eduardo Silva, Víctor Álvarez, Daniel Riquelme.
Producción: Paola Jerez
Efectos visuales: Omar Rivera
Director de fotografía: Javier Cortez
Edición: Robbert Bustock
Música: Ennio Morricone y Víctor Álvarez


LA AMOROSA MADRE


La soberanía del hogar





La Amorosa Madre es el primer montaje de la compañía La Dis/gusto Teatro, que en sus inicios es presentado en el 1° Festival de Teatro en Pequeño Formato Humberto Duvauchelle (2012), organizado por alumnos de la Escuela de Teatro de la Universidad de Playa Ancha, ocasión en que obtuvieron la distinción a la mejor dramaturgia y donde pude apreciar este trabajo en su etapa inicial. Al presente, ya no se trata de una obra de pequeño formato como lo fue en ese entonces, si no que es un montaje profesional que encarna por lo menos tres temporadas en distintas salas de la quinta región.
El montaje, dirigido por Amanda Puentes, es una puesta en escena expresionista, ya que a través de elementos o situaciones específicas llevadas al extremo, reflejan nuestra realidad nacional de manera clara y muy bien explotada. Un pequeño universo, con apenas dos personajes, una madre y su hija, extrapolados hacia la construcción poética de un pequeño trozo de nuestro país, una clase social, la relación con la madre patria y sus hijos huachos… Un trozo de identidad simbolizado en esta especie de animita escenificada como un duelo por la identidad nacional perdida o que hemos dejado ir al más allá.
La Madre, Bárbara Asenjo, es un personaje muy interesante tanto en su construcción visual, como en su amplio espectro de creación de sentido. La Madre, no sólo como progenitora, sino como la educadora, la autoridad, la patria, la herencia, en fin, la imagen maternal como una imposición, es decir, como la institucionalización humanizada a través de esta madre conservadora, machista, arribista e incluso paternalista, ¿no es si no la madre patria de la que algunos renegamos o con la que intentamos no identificarnos? Una madre que debe mostrarse en crisis –en silla de ruedas–, para inspirar en sus hijos la compasión necesaria para conservar su soberanía. Una madre que encierra a sus hijos para su conveniencia, en un universo sobre protector, cómodo e incuestionable.
La Hija, Carola Ambler, huacha de padre, me recuerda mucho la visión de Gabriel Salazar en su texto, Ser huacho en Chile, desde el sentido histórico que refleja este personaje. La humanización del resentimiento, del miedo, del aburrimiento, de un criollismo cínico que se arrastra como la lepra. Una hija subordinada a la orden de su madre y enlutada por el abandono de su padre. Una mujer que es tratada como un ser inferior sólo por su condición sucesora. Encerrada en la idealización de un patriotismo instaurado por su madre, y curiosa por un Chile que grita protestando en la calle y que no tiene nada que ver con la soberanía de esta amorosa madre. Es muy  interesante esta dualidad entre lo que pasa dentro del hogar –en escena– y fuera de él –el discurso de la obra–. Es este personaje que nos hace viajar entre un espacio y otro: dentro y fuera o a través de este Chile divido en dos.
El universo bizarro de David Lynch, como precedente visual
Tanto desde un sentido expresionista como bizarro, La Amorosa Madre, trae a escena una atmósfera estremecedora, cargada de tensión, sarcasmo y humor grotesco, ya sea a través de la extrañeza de particulares situaciones como de la relación entre sus protagonistas. La oscuridad de un hogar porteño que a su vez está lleno de colores, traen a escena una gran similitud con una escena particular del film Eraserhead (Cabeza de borrador) del cineasta norteamericano. El momento en que el protagonista es invitado a cenar a la casa de la que sería su prometida. Cuadro que destaco y comparo con la ópera prima de La Dis/Gusto Teatro, por el trabajo con los silencios, la peligrosidad de situaciones extrañas, como una suerte de amenaza hacia el orden natural del comportamiento humano y/o animal. Ese sentimiento que nos hace preguntarnos “¿qué está haciendo?”, permite un despertar del inconsciente que es capaz de mostrarnos aquello de lo que nos avergonzamos y que, si hacemos un esfuerzo, podremos identificar muy bien, aunque no sea de manera intelectual o razonable. La rareza, o lo bizarro crea una sensación que no siempre es detectable por la razón, si no por la emoción y desde ahí nos identificamos. Es en este sentido que observo esta asimilación, la cual en ambos casos aprecio como un reflejo extrapolado y sarcástico de la realidad oculta y oscura de la condición humana, americana, occidentalizada. Aunque Eraserhead es, a propósito, en blanco y negro, en La Amorosa Madre hay muchos colores, al puro estilo latinoamericano y en especial chileno. Cabe mencionar que en el caso esta obra de teatro no estamos necesariamente frente a una puesta surrealista, como es el caso del film lyncheano.

La animita, un signo doblegado
En esta puesta en escena podemos ver dos animitas o una sola desplegada. Pliegues que permiten apreciar el significado de este signo en un amplio espectro de posibilidades. A un costado derecho del escenario, una animita como tal, muy iluminada, con la pequeña figura de una virgen y fotos que inspiran el recuerdo de un padre muerto, duelo que a lo largo del relato dramatúrgico, comprendemos como incierto. El otro pliegue es el más expuesto y encubierto por así decirlo: el espacio escénico en sí mismo es lo que parece ser una animita tamaño gigante, donde los personajes vagan como si fueran ánimas perdidas entre lo que piensan, sienten, viven y recuerdan: la estirpe chilena perdida en la ignorancia, la muerte, el huacho histórico, el duelo por la identidad, el abandono del padre, el abandono del estado. El signo doblegado, entre la animita maqueta y la animita tamaño natural. Desde esta perspectiva destaco la unificación acertada entre la dramaturgia, la dirección y el diseño integral. Estas tres aristas de la creación escénica aparecen vivas y muy bien direccionadas hacia un discurso y poética atractivos e interesantes. Aparece un lenguaje y propuesta sobre el escenario donde: hay riesgo y mucha sensibilidad. Sin embargo, desde la actuación falta esa unión, o bien ese complemento con las otras tres aristas mencionadas. Queda debiendo desde el punto de vista del compromiso convivial, ya que en cuanto a construcción de personajes, ambas propuestas me parecen correctas y muy acorde al total de la puesta en escena, no obstante falta explotar dichas propuestas desde la interpretación que por momentos es lánguida, perdiendo la solidez que evidentemente podría tener. A pesar de esto, La Amorosa Madre, no deja de ser un montaje muy interesante dentro la escena porteña emergente, que no puedo dejar de mencionar como uno de mis favoritos en el último tiempo.

L.C.

*Edición: Paz Francisca Soto

FICHA TÉCNICA

Compañía: La Dis/Gusto Teatro
Obra: La Amorosa Madre
Dirección: Amanda Puentes
Dramaturgia: Carola Ambler, Amanda Puentes
Elenco: Bárbara Asenjo, Carola Amler
Diseño: Paz Francisca Soto
Asistencia Técnica: María José Manríquez, Margarita Reyes 

jueves, 3 de julio de 2014

BANQU€RO$


La esencia del bufón





Banqu€ro$ es un espectáculo teatral unipersonal, escrito, dirigido y actuado por el destacado comediante chileno, Andrés del Bosque (Las siete vidas del Tony Caluga). Se vuelve muy interesante este tipo de propuesta escénica, donde tanto muñecos, como títeres, actor y espectadores formamos parte esencial de la experiencia. Es una muestra viva en sí misma, que nos habla de actualidad y de historia a la vez, entre los atisbos performativos de la ejecución y la recuperación de un texto shakespeareano para realzar el tema de los negocios y la deuda como un paradigma existencial, propio de nuestro tiempo.
Sin ser necesarias las muecas, ni una actuación gruesa, ni excéntricas caracterizaciones vocales, Banqu€ro$, nos libera del prejuicio hacia la comedia, la que en realidad, se encuentra muy alejada del humor fácil o del mero hecho de entretener. Vemos aquí a Andrés del Bosque, defendiendo una postura política frente al fondo monetario Internacional, la organización mundial del comercio y el banco mundial como instituciones internacionales que predican una suerte de “neo-religión” que todo lo permite en pro de la preservación de la riqueza monetaria de un pequeño grupo de personas empoderadas. En este sentido se aprecia al bufón o saltimbanqui como una múltiple figura: profesor, narrador, informador, político, cómico, músico, titiritero, entre otras cosas que nos recuerdan el valor ancestral del orador, en el sentido étnico (oralidad) y a su vez del juglar, en un sentido histórico (desde una noción occidental).

El mercader de Venecia, hacia la banca rota espiritual
El mercader de Venecia, de William Shakespeare, es entre otras obras de este autor, una comedia que hasta el día de hoy no ha cesado de ser representada, tanto en el teatro como en el cine, podemos encontrarnos con diferentes versiones. En el caso de Banqu€ro$, no se trata de una recreación del texto shakespeareano, sino que muy a la usanza piscatoriana-brechtiana, el argumento y personajes claves se utilizan como la fábula que permite denunciar un hecho clave que trasciende a la actualidad. Vemos a este saltimbanqui que identificamos por el vestuario como un preso anarquista que divulga el himno de la anti-deuda, anti-dinero, anti-bancos, anti-capitalismo. Luego de que se nos explique un extenso y complejo glosario de datos economistas, se nos presenta la obra El Mercader de Venecia, como una fábula sobre la decadencia y miseria humana en pro de un evangelio mercantil. Los personajes principales se adueñan del caudal de Shylock, precisamente porque no sienten ningún respeto hacia él, ni como comerciante, ni como persona, sólo por el hecho de ser judío y no cristiano. En este sentido destaco el siguiente extracto del texto shakespereano: Él me había avergonzado y perjudicado en medio millón, se rio de mis pérdidas y burlado de mis ganancias. Despreció a mi nación, desbarató mis negocios, enfrío a mis amigos y calentó a mis enemigos y cuál es su motivo “Soy un judío”. ¿Es que un judío no tiene ojos? ¿Es que un judío no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones? ¿Es que no se alimenta de la misma comida, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un cristiano? Si nos pincháis, ¿no sangramos? Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos?, Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos? […]
Cito este trozo de la obra, no sólo porque es utilizada por Andrés del Bosque en Banqu€ro$, sino por su trascendencia no sólo desde el punto de vista de la crítica hacia la institución eclesiástica, sino hacia la ambición humana por recaudar riqueza a toda costa, sin importar quien o quienes puedan salir perjudicados tras la obtención de este objetivo. Con esto, la frase maquiavélica, “el fin justifica los medios”, claramente aún sigue vigente, siendo el lema del paradigma individualista y su modelo neoliberal. Es así como se evidencia esta suerte de banca rota espiritual.
Otro signo interesantísimo en este sentido –y que no tiene que ver con El Mercader de Venecia- se aprecia al observar el vestuario, que al finalizar la obra unipersonal de del Bosque, vemos cómo estas rayas que en principio son las de un prisionero, cambian hacia una connotación ancestral, recordándonos la existencia de los Selk”Nam, como la representación encarnizada de las raíces olvidadas de nuestros pueblos aborígenes. Una muestra más que prueba esta suerte de banca rota espiritual.

Experiencia de Taller de Juglaría: El poder receptivo de la comedia.
La semana que tuvo lugar entre el lunes 2 y el sábado 7 de junio del 2014, se hizo la invitación por parte del Parque Cultural Valparaíso (Ex–cárcel), a participar de un Taller de Juglaría dictado por Andrés del Bosque, instancia organizada por el Teatro Museo del Títere y el Payaso. Afortunadamente, tuve la oportunidad de enterarme a tiempo y por ende de formar parte de esta actividad. Dentro de los aprendizajes múltiples, que significó para los que vivimos esta experiencia, destaco: la capacidad de diferenciar entre un docente académico y un maestro de la disciplina. En el caso del docente institucionalizado, éste se limita a dictar conocimientos, procurando entregar herramientas y su visión personal sobre el arte que se estudia. En cambio, el maestro, nos muestra una filosofía del arte en cuestión, no necesariamente como una forma de vida, si no como la condición sublime de éste, elevado en su esencia y universo ancestral, como una necesidad intrínseca del ser humano. El maestro no impone respeto, ni manda, ni menosprecia el trabajo de sus alumnos, el maestro invita, participa y crea comunidad a la hora de dar a conocer su filosofía de la creación. Es en este sentido que considero que Andrés del Bosque es un maestro del arte bufonesco, o como el mismo se autodenomina: “un sembrador de bufones”.
Por otra parte, destaco el poder receptivo de la comedia, donde la risa surge como una suerte de anestesia a la hora de concientizarnos sobre la cruda realidad. He aquí la importancia del bufón, no sólo en la obra shakespeareana si no en todas sus prácticas. La comedia poseyó una connotación divina y demoniaca como de equilibrio natural entre la ilusión y la realidad, tanto en la obra isabelina como en la ejecución puramente clásica (greco-romana); tiene la función esencial de romper la ilusión de un discurso político (por ejemplo) para concientizar sobre la realidad cotidiana de la humanidad o bien del entorno social. Es por esta razón que la comedia, o en este caso la labor del bufón siempre ha estado tan cercana a su público, existiendo una delgada línea entre espectáculo y espectador. Recobrando la esencia ritual de prácticas milenarias, entramos en un universo donde nuestra misión como aprendices fue: saber de lo que estábamos hablando, hacerlo de manera entretenida y dinámica, defender inexorablemente un discurso claro, la propia biografía es un recurso que jamás se agota sobre todo a la hora de improvisar, el humor del bufón siempre es reversible pudiendo manifestarse tanto a través de la comedia como de la tragedia; la música y el canto son herramientas trascendentales, pudiendo siempre el bufón contar con un interminable repertorio. El bufón todo lo sabe, si no lo inventa y argumenta con sólidos fundamentos, aunque esté hablando disparates, siempre detrás de la chifladura se esconde la sabiduría de un maestro. De modo que la comedia en general siempre es y será bien recibida por el público, es en tanto una herramienta política que teatralmente no debiésemos olvidar ni mucho menos menospreciar.
­­Entre la relación de mi experiencia personal en el taller de juglaría y la obra unipersonal de Andrés del Bosque, destaca que desde la simpleza se va a la complejidad en una retroalimentación, como ejemplo: tan sólo con el cuerpo y la indumentaria precisa, se crea el universo complejo de una cosmovisión. Es decir a través de un espacio simple y la multiplicidad de destrezas integradas (circo, música, muñecos, teatro de sombras, etc.), colaboran en la construcción del trabajo de un bufón.
Finalmente, espontaneidad, solidez de un discurso, agilidad, equilibrio, aparecen como palabras clave tanto en la creación de esta área de la artes escénicas como en su debida expectación.
L.C.



*Edición: Paz Francisca Soto

FICHA TÉCNICA

COMPAÑIA: La Tribu Imaginaria
OBRA: Banque€ro$
AUTOR: unipersonal basado en "El mercader de Venecia" de William Shakespeare
DIRECCIÓN: Andrés del Bosque
INTÉRPRETE: Andrés del Bosque